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Continuidad de negocio

Toda empresa tiene una lista corta de credenciales que no están en ningún gestor de contraseñas, porque son las que abren el gestor de contraseñas. La cuenta raíz del proveedor de nube. El registrador donde vive el dominio. El certificado con el que se firman las versiones. Los códigos de recuperación de la cuenta de facturación.

Suelen acabar en uno de dos sitios, y los dos son malos: la cabeza de una persona, o un documento compartido que puede abrir media empresa.

El problema tiene nombre

Si las tiene una persona, la empresa depende de que esa persona esté localizable, dispuesta y viva. No es un riesgo teórico: la gente se va enfadada, se pone enferma, y se va de vacaciones a un sitio sin cobertura la misma semana en que caduca el certificado.

Y si las tienen todos, no hay control ninguno: cualquiera puede actuar por su cuenta, y cualquier filtración es completa.

Dos firmas, como en la cuenta del banco

A nadie le extraña que una transferencia de la empresa necesite dos firmas. Esa misma regla aplicada a las credenciales es justo lo que hace ShamirVault: repartir el secreto en partes y exigir varias juntas.

  • Tres partes en tres personas, y con dos cualesquiera se recupera la cuenta. Una sola no puede; dos sí.
  • O por grupos: el equipo técnico cuenta como un grupo, la dirección como otro, y con dos grupos se recupera.
  • Una parte depositada con el abogado de la empresa, que convierte una decisión técnica en una decisión documentada.

Qué pasa cuando alguien se va

Aquí es donde se paga solo. Cuando la persona que tenía una parte se va, no hay que rotar todas las credenciales a toda prisa: su parte suelta no vale nada, y el resto del grupo puede reconstruir el secreto y volver a repartirlo sin ella. La salida deja de ser una emergencia.

Y deja constancia

El plan anual genera un acta imprimible del reparto: qué se repartió, cuándo, con qué umbral, y una línea por persona para firmar al recibir su parte. Más las instrucciones escritas para quien tenga que usarlo —que no será quien lo montó, y las leerá en un mal momento—.

Por dónde empezar

Coge la lista más corta que tengas: las credenciales que pararían la empresa si se perdieran mañana. Suelen ser tres o cuatro. Reparte esas primero. Todo ocurre en el dispositivo, nada de lo que escribas nos llega, y no hay cuenta que crear.

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